906. _At jam non domus accipiet te læta, neque uxor..._

Pero ya familia alegre y excelente esposa no saldrán á recibirte, ni

cariñosos hijos correrán á buscar tus besos y á inflamar tu pecho con

mal contenido placer; ya no podrás realizar empresas gloriosas para

ti y para las personas de tu amor: «infeliz, ¡oh infeliz! dirán, un

solo día infesto destruyó los goces de tu vida,» y no añadirán á esas

palabras «pero también te libró de una vez de toda clase de pesares;»

porque si meditaran libres de prevenciones y reflexionaran acerca de

lo que piensan, desterrarían toda congoja del ánimo y todo miedo. Sin

duda alguna, cuando yazgas inanimado por la muerte estarás exento,

para toda eternidad, de dolores y pesares; pero nosotros, junto á ti,

aun después de convertido en cenizas, verteremos tristes lágrimas y

abrigaremos en el pecho para siempre la pena que nos devore. Pero hay

motivo para preguntar: ¿qué es lo que en este suceso hay de amargo para

el que muere, si queda reducido á quietud y puede consumirse en el

tiempo que dure el luto de sus parientes y deudos?

Muchas veces en los festines, los comensales, recostados, con las copas

levantadas y con la frente oculta por las coronas, exclaman: «Breve es

la dicha del pobre hombre, y cuando se marcha no es posible hacerla

volver.» Tal vez les amargará lo dulce de aquel momento la idea de la

muerte, con las ansias de ardiente sed que les devore y les abrase, ó

con algún otro deseo que les atormente.

Cuando la inteligencia y el cuerpo entregados al sueño descansan, nadie

de sí cuida ni de su existencia: de igual modo, cuando eterno sueño nos

subyugue ningún deseo nos ha de volver á atormentar; pero los elementos

de las sensaciones, aun cuando en el sueño se hallan detenidos, no se

disuelven y pueden funcionar nuevamente. La muerte es todavía menos que

el sueño, si es que se puede llamar menos que algo lo que nada es. Á

la muerte sigue la disolución de la materia; y por esa causa nadie que

haya sido asaltado por el frío intenso que sigue á la desaparición de

la vida, ha vuelto á despertar.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 220 / 302 题