Si por acaso fuera considerada inmortal porque resguardada se encuentra
de agentes exteriores que intenten combatirla, ó porque no puede ser
directamente atacada, y si lo fuera podría rechazar el golpe antes
de ser herida, el que así pensara se colocaría en una posición muy
distinta de la verdad. Además de las dolencias que afligen al cuerpo y
que interesan al alma, ésta sufre amarga incertidumbre por los sucesos
futuros que le producen no pocos sobresaltos, y tiene remordimientos
por los errores cometidos en épocas pasadas: añade el delirio, que es
propia enfermedad del alma, la falta de memoria y el terror de ser
arrojada en las negras ondas del letargo.
Nada es la muerte y nada nos importa desde que se considera inmortal la
naturaleza del alma; y así como no sufrimos ahora por los padecimientos
pasados en el tiempo ni por motivo de las luchas sostenidas con los
invasores cartagineses en las guerras que con hórrido tumulto hicieron
estremecer hasta á los astros, y mantuvieron en espectación al mundo,
que dudaba acerca de cuál de los dos pueblos había de dominarlo por mar
y tierra, así también, cuando la vida se haya extinguido en nosotros
por la separación del alma y del cuerpo, nada tendrá influencia sobre
nosotros, ni causa alguna despertará nuestras sensaciones aunque se
confundan la tierra con el mar y el mar con el cielo.