699. _Quod si fortè putas extrinsecus insinuatam..._

Y si llegaras á suponer que la substancia extraña que se une al cuerpo

es líquida, aumentarás los motivos de precisa disolución, porque ésta

será más rápida cuanto más extendida se considere el alma, ya que los

líquidos se evaporan y luego desaparecen transformados: divididos

el ánimo y el alma entre todos los órganos, así como los alimentos,

después de la digestión, convertidos en nueva substancia se reparten

por todos los miembros, de igual modo si aquéllos, aunque íntegros,

penetran en el cuerpo, en él se disolverán pronto, y sus partículas

circularán en todos los vasos y venas; se formará así nueva alma, que,

originada por la anterior, se extenderá en los miembros, y distribuida

entre éstos, perecerá también. Según puede conjeturarse por lo

expuesto, el alma, aun considerada como un líquido, tendría su día de

nacimiento y su día de muerte.

¿Por acaso algunos elementos del alma permanecen en el cuerpo después

de la muerte de éste? Entonces no puede gozar del beneficio de la

inmortalidad, porque tendrá que sufrir diminución en sus partes

componentes. Y si en toda su perfecta unidad se retira del cuerpo, y

en éste no queda la más mínima porción de ella, ¿por qué motivo de

los cadáveres descompuestos brotan numerosos gusanos? ¿Cómo se forman

tantos insectos sin huesos y sin sangre, que bullen en los entumecidos

miembros?

Si entiendes que esos animálculos reciben de fuera sus respectivas

almas, las cuales se unen á sus cuerpos, deberás observar que es

muy sorprendente el hecho de que tantos miles de almas de insectos

vermiculares concurran á un sitio donde se halla un cadáver en

descomposición; pero aún hay en este asunto para estudiar una cuestión

que se divide en dos: si las almas de esos gusanos escogen por su

propia iniciativa los embriones que les sirven de materiales para

fabricar las casas en que se han de introducir; ó si desde luego se

introducen en cuerpos ya formados. No se comprende por qué motivo las

almas de los gusanos, que sin cuerpos transitan libremente, exentas de

frío, de hambre y de otras molestias, se decidan á construir un cuerpo,

donde, al encerrarse, han de sufrir no pocas incomodidades, mediante

el contacto que tengan con el cuerpo que les sirva de envoltura; pero

si las almas hubieran de construir las moradas en que se aposentasen,

deberían recibir fuerzas útiles, acomodadas á ese fin. No es lícito

creer que las almas fabriquen para su uso los cuerpos y los órganos

en que han de residir, ni tampoco es admisible la idea de que se

introduzcan ó establezcan en cuerpos formados con anterioridad; pues no

hay conexión ni enlace que puedan existir por consentimiento común del

cuerpo y del alma.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 213 / 302 题