No parece que el moribundo note que el alma se le escape íntegra del
cuerpo, ni que le suba por el tubo aéreo hasta la faringe, sin duda
porque la parte existente en cada órgano en él se extingue, como
desaparece la actividad de todos los sentidos en la misma región donde
se manifiesta; pero si fuera inmortal nuestra potencia de conocer, al
desprenderse del cuerpo inspiraría alborozo y no tristeza al moribundo,
porque gozaría de verse libre de la vestimenta que la había envuelto,
así como la serpiente se alegra al dejar la piel que la cubre ó como el
venado se regocija cuando pierde las viejas astas.
¿Por qué la reflexión y la inteligencia no se ofrecen jamás como
originadas solamente en la cabeza, ó en los piés ó en las manos, sino
en sede establecida á la vez en todas las regiones corporales, ya
que desde el momento en que se produce un ser cada sentido surge y
permanece en un determinado sitio del cuerpo, de tal modo, que nunca
se da el caso de que se interrumpa el orden existente y todas las
funciones indiferentemente se ejecuten por todos los órganos? Entre
las cosas hay correlación estable, y nunca en las aguas de los ríos
estallará un incendio ni el agua se helará entre voraces llamas.
Si fuera inmortal la naturaleza del alma y ésta pudiera sentir del
cuerpo separada, en ese estado independiente poseería, según mi
entender, cinco sentidos que le fueran propios; no de otra manera
podemos suponer que las almas vaguen en los infiernos, y así lo
han pensado los pintores y los poetas de todos los siglos cuando
representan á las almas revestidas de sentidos corporales; pero si
es cierto que el alma sin cuerpo no puede tener ojos ni conservar
la nariz, ni las manos, ni la lengua ni los oídos, cierto ha de ser
también que no puede tener sensaciones ni existir.