El entendimiento forma parte del hombre, y en la constitución de
éste ocupa lugar determinado, como los oídos, los ojos y los demás
órganos que ejercen funciones propias en circunstancias dadas para el
cumplimiento de las leyes de la vida. Así como no sería posible que
las manos, la nariz y los ojos gozaran de sensaciones separados del
cuerpo correspondiente, sino que en este caso, corrompidos caerían en
disolución, así también el ánimo no puede tener existencia real fuera
del cuerpo en que está contenido; aunque más exacto fuera decir que el
ánimo y el cuerpo forman una sola substancia que mutuamente se integran.
En fin; el cuerpo y el alma viven en cuanto están unidos: alma
sin cuerpo, aun admitida la suposición de que pudiera existir, no
produciría las sensaciones de la vida; y cuerpo sin alma carece de
energías y de movimientos voluntarios: si de la órbita queda separado
el globo ocular, no servirá para la función de ver; igualmente el
alma y el ánimo por sí mismos nada son, porque sus partes componentes
se hallan distribuidas por las vísceras, venas, huesos y nervios,
están adaptadas al cuerpo adecuadamente constituido, y no pueden
vivir independientes: si la actividad anímica y el cuerpo rompieran
sus antiguas relaciones, se dispersarían y no podrían volver á la
vida; pero inmediatamente después que el alma se aleja del cuerpo,
los principios formativos de una y de otro disueltos quedan: si el
alma pudiera ser en el aire como era antes en un cuerpo organizado,
también funcionaría en el aire y éste llegaría á ser animado. Cuando
en los aparatos de los animales hay algún desequilibrio, sobreviene
la espiración del aura vital y se extinguen la sensación del ánimo
y la actividad del alma, sensación y actividad que son dos efectos
dependientes de una misma causa.