Cuando podemos comprobar que el entendimiento y el cuerpo que en
enfermedad caen se curan por la Medicina, tenemos que reconocer que
ese hecho da testimonio de la condición mortal del ánimo, el cual, si
experimenta modificaciones, ha de estar sujeto á pérdidas y aumentos
como todas las demás substancias que pueden cambiar; pero lo que es
inmortal no es susceptible de alteraciones, porque si alguna vez dejara
de ser lo que antes ha sido, ó perdiera la más mínima parte de su
estructura, al traspasar los límites de su naturaleza, podría también
llegar hasta la muerte; luego el ánimo ya padezca ó ya sea curado con
auxilio de la Medicina, como perecedero se nos muestra en ambos casos.
De esta manera la verdad combate los sofismas, cierra el camino á todo
subterfugio y con razonados argumentos alcanza victoria sobre los
errores.
Muchas veces presenciamos la muerte lenta de un hombre cuyos miembros
pierden poco á poco la sensibilidad; primeramente quedan lívidas
sus extremidades inferiores; después la muerte, desde los piés se
apodera de las piernas; luego sube, avanza y en todas partes deja
las señales de su letal aliento. Como el alma, por su naturaleza, no
existe reducida á un lugar sino se halla en todo el cuerpo, ante la
consideración del caso precedente, debe calificarse de mortal, porque
si piensas que puede refugiarse y encogerse en órganos que no están
invadidos por la destrucción que adelanta, habrías de admitir que las
sensaciones se acumulan en aquellos puntos donde las energías anímicas
se concentran; pero como nada que autorice esta suposición se ha
observado hasta ahora, hay que reconocer que el alma queda lacerada en
los miembros dañados, y, por consiguiente, es víctima de la muerte;
pero aun en el caso de que el alma pudiera replegarse para huir de los
miembros atacados, deberíamos también considerarla mortal, porque, en
definitiva, lo mismo importa que perezca dispersada en los aires ó
encogida en una masa. De todas maneras, siempre resulta que para el
hombre las sensaciones poco á poco se extinguen y la vida poco á poco
se consume.