510. _Et quoniam mentem sanari, corpus ut ægrum..._

Cuando podemos comprobar que el entendimiento y el cuerpo que en

enfermedad caen se curan por la Medicina, tenemos que reconocer que

ese hecho da testimonio de la condición mortal del ánimo, el cual, si

experimenta modificaciones, ha de estar sujeto á pérdidas y aumentos

como todas las demás substancias que pueden cambiar; pero lo que es

inmortal no es susceptible de alteraciones, porque si alguna vez dejara

de ser lo que antes ha sido, ó perdiera la más mínima parte de su

estructura, al traspasar los límites de su naturaleza, podría también

llegar hasta la muerte; luego el ánimo ya padezca ó ya sea curado con

auxilio de la Medicina, como perecedero se nos muestra en ambos casos.

De esta manera la verdad combate los sofismas, cierra el camino á todo

subterfugio y con razonados argumentos alcanza victoria sobre los

errores.

Muchas veces presenciamos la muerte lenta de un hombre cuyos miembros

pierden poco á poco la sensibilidad; primeramente quedan lívidas

sus extremidades inferiores; después la muerte, desde los piés se

apodera de las piernas; luego sube, avanza y en todas partes deja

las señales de su letal aliento. Como el alma, por su naturaleza, no

existe reducida á un lugar sino se halla en todo el cuerpo, ante la

consideración del caso precedente, debe calificarse de mortal, porque

si piensas que puede refugiarse y encogerse en órganos que no están

invadidos por la destrucción que adelanta, habrías de admitir que las

sensaciones se acumulan en aquellos puntos donde las energías anímicas

se concentran; pero como nada que autorice esta suposición se ha

observado hasta ahora, hay que reconocer que el alma queda lacerada en

los miembros dañados, y, por consiguiente, es víctima de la muerte;

pero aun en el caso de que el alma pudiera replegarse para huir de los

miembros atacados, deberíamos también considerarla mortal, porque, en

definitiva, lo mismo importa que perezca dispersada en los aires ó

encogida en una masa. De todas maneras, siempre resulta que para el

hombre las sensaciones poco á poco se extinguen y la vida poco á poco

se consume.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 207 / 302 题