Más aún; no pocas veces ante nuestros ojos se presenta el triste
espectáculo de un infeliz que atacado repentinamente por grave mal
cae al suelo como herido por un rayo: de la boca le salen espumas á
borbotones; temblor convulsivo se apodera de sus miembros; estertores
pavorosos de su pecho brotan; se agita con violencia, se retuerce con
angustias, se arquea con frenesí: la enfermedad ha invadido todo el
cuerpo, ha penetrado en el organismo, y el alma, afectada, manifiesta
su estado por estremecimientos epilépticos, de igual manera que las
más inferiores capas de agua cuando en el mar penetra el viento se
mueven, se arremolinan y se muestran á la superficie convertidas en
espumosas irritadas olas: el dolor de aquel desdichado tiene un cierto
desahogo en los gemidos que exhala; cuando menos disminuye al escapar
algunos gases del modo que tienen salida los elementos de la voz:
algunas veces, perturbaciones de esa clase ocasionan la demencia cuando
el ánimo y el ánima sorprendidos por un daño imprevisto en su primer
movimiento rompen el concierto de su unión. Al disminuir la causa
del ataque sufrido por el enfermo, el humor corrompido se restituye
á los vasos linfáticos de donde proviniera, el paciente comienza
á incorporarse, tembloroso y vacilante se yergue y recobra poco á
poco el uso de la razón y de los sentidos. Puedes conocer, ante la
consideración de casos como el que te he presentado, que el alma es
combatida por diferentes quebrantos, muy penosos, y que en ocasiones
se agita dolorosamente en el cuerpo cuya vida integra. ¿Y creerás que
si la vida se ausenta de un cuerpo subsistirá por sí sola en medio del
aire expuesta á todos los vientos?