Finalmente, cuando al hombre domina la fuerte acritud del vino, cuyo
intenso ardor se extiende por sus venas, ¿por qué los miembros lo
abaten, las piernas le flaquean, la lengua le vacila, el entendimiento
le falta, los ojos le lloran? ¿Por qué ese hombre, rendido por la
embriaguez, exhala gritos, vierte llanto, profiere injurias, comete
excesos? ¿Cuál es el motivo inmediato de esos fenómenos sino la
fuerza del vino, que perturba el alma cuando también trastorna las
funciones del cuerpo? Y todo lo que puede ser alterado con seguridad
perece cuando una causa extraña modifica radicalmente las necesarias
condiciones de su existencia.