Podemos también observar que al cuerpo atacan excesivos males y duros
dolores, y al alma afligen cuidados, tristezas y sobresaltos; luego
están igualmente sujetos á la muerte.
Muchas veces, por causa de las dolencias que ofenden al cuerpo, el
ánimo se turba, el juicio se extravía, la razón desfallece: cae el
cuerpo abatido por letargo invencible que le obliga á cerrar los ojos
é inclinar la cabeza, y en tanto el ánimo yace en sopor imperturbable;
en ese estado el paciente no oye la voz ni conoce las facciones de
los circunstantes que junto á su lecho se esfuerzan, entre suspiros
profundos y lágrimas que les bañan el rostro, por restituirlo al goce
de la vida. Luego si la enfermedad afecta íntegramente á todo el ser
que la sufre, es indispensable confesar que el alma se disuelve cuando
en ella penetra el contagio morboso. El dolor y los padecimientos son
precursores de la muerte: nos lo ha enseñado la experiencia.