El alma y el cuerpo se forman simultáneamente; á la vez se desarrollan
y al mismo tiempo envejecen: si tierno y endeble es el cuerpo durante
los primeros años de la vida, tenue y débil es el alma; cuando
la edad fortalece los miembros, el alma se activa y la razón se
muestra ampliada; cuando el desgaste de las fuerzas durante los años
transcurridos encorva el cuerpo y embota los órganos, también se
rebaja el ingenio, se entorpece la lengua y se apaga el entendimiento;
y, por último, cuando el instante de la muerte llega, todo acaba. En
esta ocasión el alma como humo se desvanece, confundida en las etéreas
auras: viene á la vida juntamente con el cuerpo, con él crece, y
juntamente sucumbe con él bajo el peso de las fatigas acumuladas por
los años.