Más decisiva influencia ejerce el ánimo que el alma en la función
de moderar la vida y dirigir las acciones de los seres racionales:
inmediatamente que falta el ánimo, no puede el alma permanecer ni un
solo instante en nuestros miembros y abandona el cuerpo al frío de
la muerte para elevarse por las regiones del infinito espacio; pero
disfrutan de la vida los seres que del ánimo gozan, aunque el cuerpo
sufra incomodidades y haya perdido parte del alma entre dolorosos
estremecimientos de próxima descomposición: mientras exista la potencia
sensitiva que reside en el ánimo, no se extingue el aliento vital:
por muy contrariados que se encuentren los miembros, es posible la
reposición de la vida que se les escapa, en tanto conserven un pequeño
lazo con el alma; como es fácil que subsista la facultad de la visión
aunque los ojos se hallen lesionados. Puedes ofender las órbitas,
cortar los párpados, herir el globo ocular, pero si dejas intacta la
pupila, conservarás la vista sin grave modificación; por lo contrario,
si dañas la parte central del ojo, á pesar de ser tan pequeña y aun
cuando todos los demás órganos exteriores de aparato visual se hallen
en buen estado, perderás la vista, y la obscuridad te envolverá quizá
para siempre: de modo igual se cumplen las leyes relativas al ánimo y
al ánima.
Ahora debes de considerar que juntamente con los animales nacen y
mueren sus respectivos ánimos y almas[36]. Procuraré explicarte en
versos dignos de tu atención, esa verdad que he adquirido en virtud
de continuados é incesantes estudios; pero ten desde ahora en cuenta
que aquellas dos substancias, por su unión indisoluble, constituyen
una sola y voy á comprenderlas también bajo una sola denominación;
así, cuando en lo sucesivo te hable del alma y te diga que es mortal,
entiende que me refiero lo mismo al ánimo que al alma.
[36] La inmortalidad del alma, ó mejor dicho, la perpetuidad
del alma fué enseñada, según Cicerón, por Phereces, de Siria, y
adoptada por Tales de Mileto, Anaxágoras, Platón, Diógenes, etc.
Ptolomeo Filadelfo, el mismo que reunió en Alejandría sabios de
todas las escuelas filosóficas para formar una sola doctrina que
fuese confesada por todo el mundo, prohibió (hace 2177 años)
la propaganda de aquella idea por creerla peligrosa para el
reposo público. En Grecia y en Roma tendría seguramente muchos
partidarios, cuando tanto empeño mostraron en combatirla Epicuro
(hace 2150 años) y Lucrecio (hace 1980 años).