394. _Et magis est Animus vitai claustra coercens..._

Más decisiva influencia ejerce el ánimo que el alma en la función

de moderar la vida y dirigir las acciones de los seres racionales:

inmediatamente que falta el ánimo, no puede el alma permanecer ni un

solo instante en nuestros miembros y abandona el cuerpo al frío de

la muerte para elevarse por las regiones del infinito espacio; pero

disfrutan de la vida los seres que del ánimo gozan, aunque el cuerpo

sufra incomodidades y haya perdido parte del alma entre dolorosos

estremecimientos de próxima descomposición: mientras exista la potencia

sensitiva que reside en el ánimo, no se extingue el aliento vital:

por muy contrariados que se encuentren los miembros, es posible la

reposición de la vida que se les escapa, en tanto conserven un pequeño

lazo con el alma; como es fácil que subsista la facultad de la visión

aunque los ojos se hallen lesionados. Puedes ofender las órbitas,

cortar los párpados, herir el globo ocular, pero si dejas intacta la

pupila, conservarás la vista sin grave modificación; por lo contrario,

si dañas la parte central del ojo, á pesar de ser tan pequeña y aun

cuando todos los demás órganos exteriores de aparato visual se hallen

en buen estado, perderás la vista, y la obscuridad te envolverá quizá

para siempre: de modo igual se cumplen las leyes relativas al ánimo y

al ánima.

Ahora debes de considerar que juntamente con los animales nacen y

mueren sus respectivos ánimos y almas[36]. Procuraré explicarte en

versos dignos de tu atención, esa verdad que he adquirido en virtud

de continuados é incesantes estudios; pero ten desde ahora en cuenta

que aquellas dos substancias, por su unión indisoluble, constituyen

una sola y voy á comprenderlas también bajo una sola denominación;

así, cuando en lo sucesivo te hable del alma y te diga que es mortal,

entiende que me refiero lo mismo al ánimo que al alma.

[36] La inmortalidad del alma, ó mejor dicho, la perpetuidad

del alma fué enseñada, según Cicerón, por Phereces, de Siria, y

adoptada por Tales de Mileto, Anaxágoras, Platón, Diógenes, etc.

Ptolomeo Filadelfo, el mismo que reunió en Alejandría sabios de

todas las escuelas filosóficas para formar una sola doctrina que

fuese confesada por todo el mundo, prohibió (hace 2177 años)

la propaganda de aquella idea por creerla peligrosa para el

reposo público. En Grecia y en Roma tendría seguramente muchos

partidarios, cuando tanto empeño mostraron en combatirla Epicuro

(hace 2150 años) y Lucrecio (hace 1980 años).

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 201 / 302 题