Acerca de este orden de ideas no debes admitir como verdaderas
todas las que afirmaba el ilustre Demócrito, el cual entendía que
los elementos primarios del cuerpo en precisa relación corresponden
á otros iguales del alma; porque es lo cierto que los principios de
ésta han de ser más tenues y en número más reducido que los del cuerpo
en el cual aquéllos se encuentran esparcidos. Lo que podemos asegurar
es, que los elementos constitutivos del alma son todos los que en los
órganos existen capaces de sensaciones. No nos produce molestia el
polvo que á nuestros piés se adhiere, ni el color gredoso que tiñe el
semblante[35], ni la niebla nocturna; tampoco nos afectan los débiles
filamentos que las arañas en los caminos colocan, ni los despojos
que lanzan al suelo, ni las plumas de las aves, ni el vilano que del
cardo se desprende y después de fluctuar en el aire cae lentamente con
vacilaciones debidas á su levedad; ni aun siquiera notamos el paso de
los insectos que se arrastran ó el de los débiles mosquitos que sobre
nosotros se posan. Por tanto, las partes de que se compone la textura
de nuestros miembros deben ser impresionadas con cierta relativa
intensidad para que los elementos del alma dispersos en todo el cuerpo
reciban la sensación correspondiente, se activen, choquen y ejerciten
sus acciones concertadas.
[35] Horacio y Petronio escribieron acerca de las mujeres que se
embadurnaban el rostro con greda.