Además, cuerpo sin alma nunca es engendrado, ni crece, ni subsiste
después de la muerte: podrá el agua por la acción del calor evaporarse
en parte y en parte quedar incólume; pero los órganos corporales no
pueden tener vida sin alma: cuando ésta falta es cuando aquéllos
perecen penetrados de corrupción. Desde la iniciación vital del ser, el
alma y el cuerpo con movimientos mutuos están íntimamente unidos, de
tal manera que si en el útero materno quedaran desligados sería cuando
el ser muriera: luego si una y la misma es la causa de la existencia
del cuerpo y del alma, una y la misma ha de ser su naturaleza.