La naturaleza ó manera de ser de cada individuo está constituida por
todo el cuerpo, del cual es norma y regla de vida: entre el cuerpo
y su propia naturaleza no hay diferencias de origen ni puede haber
separación: la muerte los disuelve. De igual modo que no es factible
desligar el incienso y su propio olor sin destruir la naturaleza de
ambos, así también no es posible extraer del cuerpo los constitutivos
del ánimo y del ánima sin que los tres se deshagan: sus respectivos
elementos desde el principio de cada existencia determinada, se hallan
de tal modo enlazados, que por igual contribuyen á la vida íntegra del
ser: en nada puede revelarse el ánimo sin el cuerpo, y nada puede éste
sentir sin la impulsión del ánimo: sus acciones combinadas encienden la
vida y dan sensibilidad á los órganos.