Hasta ahora hemos hallado que la naturaleza del ánimo tiene tres
componentes[34], pero no son bastantes por su condición para engendrar
las sensaciones: no se puede concebir que aquellos principios, por
sí solos, puedan crear movimientos sensoriales y dar actividad á la
inteligencia: es necesario que admitamos un cuarto principio impulsor,
aunque no sepamos darle nombre, si bien consideremos que ha de ser
movedizo, de elementos muy finos, pequeños y veloces: este agente
innominado imprime en nuestros nervios la acción y la energía de la
vida; puesto en agitación, transmite su corriente al calor y al aura
vital, y establece el movimiento para todo el organismo; entonces la
sangre late en las venas; las vísceras devienen sensibles, y los huesos
y la médula se hallan capacitados para sentir impresiones de dolor y de
placer.
[34] Principio frío (aire); principio cálido (calor); principio
templado (aura vital).
Pero si en esa cuarta esencia substancial del ánimo penetra el dolor,
se produce una conmoción general del cuerpo, y en éste no queda sitio
donde la vida se refugie; por tanto, las partes del alma tienden á
salir por todos los poros: sin embargo, las más de las veces, el
trastorno ocasionado por efecto del dolor no traspasa la superficie del
cuerpo, y la vida se repone para nueva larga duración.