208. _Hæc quoque res etiam naturam deliquat ejus..._

De otra observación se infiere cuál sea la tenue contextura del ánimo

y en qué reducido lugar se contendría si pudiera condensarse: cuando

el hombre llega al reposo de la muerte, después de quedar deshecho el

tejido propio del ánimo y del alma, bien podrás ver que el cuerpo no

pierde forma ni peso: la muerte se lleva la sensibilidad y el aura de

la vida, pero deja intacto lo demás. Luego es necesario que el alma,

unida á las venas, vísceras y nervios, esté formada por principios

muy tenues, ya que al desvanecerse ella el cuerpo no pierde gravedad

ni pierde su forma: también, cuando por evaporación se disipan la

esencia del vino, el aroma de los perfumes ó el delicado sabor de los

manjares, los cuerpos respectivos conservan la misma apariencia y el

mismo peso, porque los elementos que les daban color y sabor, diluidos

en el conjunto, eran extraordinariamente sutiles. Ante la consideración

de estos hechos, una y muchas veces deberemos de afirmar que el ánimo y

el ánima constan de principios materiales mínimos, cuya desaparición

de un cuerpo, en que se manifiestan, no disminuye en nada el peso y el

volumen del cuerpo mismo.

No por eso ha de pensarse que el alma sea simple; el moribundo exhala

cierta aura tibia que supone especial combinación de calor y de aire

frío: las moléculas del calor están muy separadas, y entre ellas pueden

penetrar y situarse elementos primordiales aéreos.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 192 / 302 题