Por tanto, averiguada ya la naturaleza del ánimo y del alma que son
partes constitutivas del hombre, la palabra Harmonía debe devolverse
á los Griegos, que faltos de expresiones adecuadas para representar
ciertos pensamientos nuevos, quizá la derivaron de ignoradas
fuentes ó la adquirieron de la elevada cima del sonoro Helicón[33];
guárdenla ellos y sigamos nuestro discurso. Opino que el ánimo y
el ánima entre sí mantienen unión estrecha, de la que resulta una
substancia distribuida en todo el cuerpo; ésta, en cuanto dirige los
actos humanos, recibe el nombre de ánimo y también entendimiento ó
inteligencia, y tiene su centro en lo íntimo del pecho, donde laten
las emociones de pavor y miedo, y se originan los estímulos del
placer; pero el alma se extiende por todo el cuerpo, y aun cuando
recibe impulsos del ánimo, tiene conciencia de sí misma, y en sí
propia se ocupa cuando ninguna cosa exterior la solicita. Y así como
la cabeza y los ojos, en muchos casos duelen, pero no hacen partícipes
de su malestar á todo el cuerpo, así también la mente alguna vez
sufre daño ó goza beneficio, y no transmite al alma las sensaciones
correspondientes; empero, cuando terror extraordinario perturba el
ánimo, también el alma en todos los órganos se impresiona; todo el
cuerpo se cubre de sudor y palidez, la lengua vacila, se extingue la
voz, los ojos se nublan, los oídos zumban, los miembros se relajan.
[33] Helicón, monte de Beocia consagrado á las artes rítmicas
(Apolo y Musas).
Muchas veces vemos que los hombres sucumben al peso del terror del
ánimo: por este hecho observado, fácilmente puede conocerse cuál sea la
conjunción que hay entre el ánimo y el ánima; ésta, golpeada por la
fuerza del ánimo, inmediatamente comunica á todo el cuerpo la impresión
recibida.