59. _Denique avarities, et honorum cæca cupido..._

La avaricia y el ciego afán de honores que á tantos míseros hombres

empujan á traspasar los linderos de la justicia, á hacerse criminales

ó encubridores de crímenes, y á pasar días y noches engolfados en

inquietud penosa que les permita acumular riquezas, son calamidades

que afligen la vida, y que se deben en mucha parte al temor de la

muerte[31]. El menosprecio, la indigencia y la ignominia, se consideran

estados incompatibles con la dulzura de la vida, y casi como antesalas

de la muerte. Para huir de tales situaciones, y colocarse lejos de

ellas, los hombres, desatentados, compran honores con sangre que

vierten de sus conciudadanos, amontonan crímenes para multiplicar

ávidos sus tesoros, se alegran, impíos, de los funerales del hermano,

y aun odian y temen, recelosos, los festines de sus próximos parientes.

[31] Según la antigua Mitología, la pobreza figuraba en el

cortejo de la muerte. Virgilio (_Eneida_, canto VI) coloca en la

puerta de los infiernos al hambre y la pobreza.

La envidia, por igual razón, con temores mortificantes, se despierta

en muchos, ante cuya vista se muestra el poder como la presa de unos

cuantos que disfrutan riquezas y distinciones brillantes, mientras que

ellos viven en las tinieblas y se arrastran por el lodo: algunos mueren

con la preocupación de las estatuas y el renombre, y otros, á quienes

el temor de la muerte inspira odio contra la vida y la luz, llevan el

infierno en su triste pecho; se olvidan de que es manantial de todos

los males ese miedo que veja la inocencia, rompe los vínculos entre

amigos y arranca de los corazones la piedad. ¡Y aun muchas veces ha

habido hombres que por vivir, para retardar las penas del Aqueronte,

han hecho traición á sus padres y á su patria! Como niños que de todo

tienen miedo por la noche, así nosotros, durante el día, nos vemos

rodeados por ilusorias sombras y fantasmas vanos que no se disipan con

el rayo solar ó con la luz diurna, pero que se desvanecen mediante el

uso de la razón tranquila y el estudio reflexivo de la Naturaleza[32].

[32] Lucrecio repite los versos 51 al 61 del canto II.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 186 / 302 题