Porque si bien no faltan hombres que alardean de considerar más
temibles la infamia y las enfermedades que los abismos de la muerte,
y entienden que el origen de nuestra alma es el mismo que el de la
sangre[30], y dicen, por último, que nuestras lecciones les son
inútiles, advierte que hacen esas afirmaciones, más por vana presunción
y deseo de renombre, que por tener firmes convicciones. Esos mismos
hombres, si proscriptos de la patria se encuentran, ó si retirados de
la vida social se hallan, ó si les abruma torpe acusación, ó viven,
finalmente, afligidos por numerosas desdichas, adondequiera que,
míseros, se retiran, celebran funerales, inmolan ovejas negras, dedican
sacrificios á los Manes, y cuanto más el infortunio los agobia, tanto
más inclinan su ánimo á la superstición. En tiempos de adversidades, es
cuando conviene observar á los hombres, porque entonces se dan éstos
fácilmente á conocer: proceden como sienten, la máscara se les cae y se
muestran como son.
[30] Alusión á ciertas ideas defendidas por Critias y por
Empedocles, según las cuales el alma es sangre pura del cuerpo
vivo: también en el versículo 23, cap. 12 del Deuteronomio y
en el Levítico, cap. 17, vers. 11 y 13 se hacen indicaciones
análogas con referencia á los animales.