Hasta aquí he discurrido acerca de los elementos que son principios
constitutivos de todas las cosas, y acerca de las distintas figuras de
las moléculas que espontáneamente giran en el espacio con movimiento
eterno. Ahora debemos estudiar la naturaleza del ánimo, aclarar en
qué consiste la esencia del alma, y poner en ruinas el temible
Aqueronte[29], que turba todo bienestar de la vida humana, tiñe todas
las cosas con las preocupaciones de la muerte, y no permite el goce
tranquilo de ningún placer puro y honesto.
[29] Aqueronte, río de Epiro, llamado hoy Veliqui; río del
infierno, según los poetas; el infierno mismo.