Y los cuerpos que ves llegar á su madurez con paulatino é incesante
crecimiento se asimilan más que gastan, porque el producto de las
substancias alimenticias circula en ellos sin obstáculo por las venas y
los vasos, en tanto que los poros no se dilatan cuanto sería necesario
para que dichos cuerpos sufrieran grandes pérdidas; es indudable que
éstas siempre existen, pero el ser las repara fácilmente mientras que
no llega al término del crecimiento. Desde que alcanza esa altura,
empieza á descender y poco á poco el vigor se le agota y las fuerzas se
le extinguen: cuanta más extensión ocupe un cuerpo vivo que haya tocado
la meta del regular desarrollo, mayores pérdidas ha de experimentar:
ya el jugo de las substancias nutricias no circula bien por sus venas;
ya le es insuficiente la alimentación; ya la Naturaleza no renueva en
aquel ser las fuerzas que el mismo consume diariamente; entonces el
cuerpo debe perecer porque lentamente ha disminuido en densidad todo lo
que ha perdido en emanaciones, y de este modo ha entibiado la energía
de la vida: los seres en la vejez no pueden suplir lo que les falta, y
abatidos, incapaces para resistir los choques de todos los cuerpos que
giran á su alrededor, necesariamente sucumben.