Después del génesis del Mundo y del día de la creación de mar y tierra,
formado ya el Sol, quedaron en torno de aquél muchos elementos surgidos
del Todo universal que los contenía: de ellos el mar y las tierras
obtuvieron sucesivo aumento, el espacio se embelleció con el templo
del cielo cuyos elevados techos están situados muy lejos de la tierra,
y se originó la circulación del aire. Los elementos, por la acción
de sus atracciones y repulsiones, se reparten por todos sitios, y se
juntan entre sí los que son de la misma especie: los propios del agua
al agua; con adiciones de tierra la tierra aumenta; el fuego se aviva
con el fuego; el éter con el éter, hasta que la Naturaleza, creadora
siempre, haya elevado el crecimiento á su límite normal; y cuando se
dé el caso de que en las corrientes de la vida, plenamente ocupadas,
no puedan tomar curso nuevas adiciones, habrá proporcionalidad entre
las restituciones y las pérdidas: en el apogeo de la vida la Naturaleza
habrá de restringir sus fuerzas productoras.