Todos somos originarios del Cielo; éste, padre de todos, envía gérmenes
creadores á nuestra madre la Tierra que, fecundada, produce nítidas
frutas, lozanos arbustos, el género humano y toda clase de animales á
cuyas necesidades provee con alimentos útiles para la vida individual y
para la propagación de las especies: por este motivo con razón se da á
la Tierra nombre de madre. Cuanto de la Tierra dimana vuelve otra vez
á ella; y cuanto proviene de las regiones celestiales otra vez tiene
entrada en las mansiones etéreas. Los cuerpos simples de la materia,
aun cuando los veamos convertidos en inútiles sobrantes excretados,
son eternos: la muerte, que destruye las formaciones compuestas, deja
incólumes los componentes; cuando más, los separa á fin de que la
Naturaleza vuelva á asociarlos de otro modo, en nuevas formas, con
diferentes colores, en integraciones dotadas de sensibilidad ó sin
esta condición. Los hechos apuntados te harán conocer que es necesario
estudiar con detenimiento las combinaciones variadas, las diversas
posturas y los diferentes cambios que experimentan los primeros
elementos, ya que de ellos y de sus mudanzas de posición surge la vida
y dependen el nacimiento y la muerte. En estos mismos versos puede
observarse que la significación de ellos depende ciertamente del orden
en que están colocadas las palabras que los componen: con las mismas
letras se forman vocablos representativos de las ideas de cielo, mar,
tierra, astros, sol, frutos, árboles y animales: en muchas ocasiones la
inversión de letras determina significados muy distintos. Así también
sucede con los elementos de la materia: si cambian de lugar, posición,
orden, cantidad y proporciones, cambian las cosas que integran, y la
figura de ellas, y su peso, y sus relaciones recíprocas.