En fin, si para explicarse las sensaciones de los animales hubiera
que atribuir á éstos una composición de principios sensibles, ¿qué
sucedería? Deberíamos admitir que los elementos constitutivos del
hombre eran agitados por trémula risa, vertían lágrimas que les
inundasen boca y mejillas, perspicuamente investigaban las causas de
los fenómenos y hasta indagaban su propia íntima estructura: porque si
los elementos que componen al hombre han de ser equiparados al hombre
mismo, deberán constar de principios materiales y éstos de otros, y
así indefinidamente. Según estos datos, si me hablas de un ser que
se comunica, ríe y sabe, deberé pensar que dicho ser está compuesto
de substancias simples que hagan lo mismo. Pero si pensamos que esta
afirmación es un delirio de mente perturbada porque un ser puede reir
aunque no esté formado por elementos que rían; y saber y comunicar
sus ideas con docto razonamiento, sin que sus principios constitutivos
sean elocuentes ni sabios, ¿cómo podremos negar que los seres sensibles
resulten de componentes insensibles?