Además de lo dicho, si los colores no dependen en verdad de la figura
de los cuerpos, y éstos, al formarse, pueden revestir cualquiera
coloración, ¿por qué no se muestran teñidos indiferentemente de varios
modos? En este caso, muchas veces el cuervo, al atravesar el espacio
con su vuelo, debería impresionar gratamente nuestros ojos con la
albura brillante de su plumaje, y los cisnes en ocasiones ostentarían
el color negro, ó una diversidad de matices. Puede notarse el hecho
de que el color de los cuerpos se pierde al mismo tiempo que éstos
sufren distintas divisiones, y llega el caso de que, en objetos muy
fraccionados, el color se extingue: pruebas de este fenómeno ofrecen el
oro cuando se reduce á suave polvo, y la púrpura cuyo luciente color
de escarlata se pierde cuando se convierte en delgados hilos: de estas
observaciones puedes inferir que las cosas pierden su color á medida
que se acercan á la menor división de que sean susceptibles.