Como no existen colores sino por la acción de la luz, y ésta no puede
llegar á los principios elementales de las cosas, lícito es afirmar que
los cuerpos simples no tienen color. Y ¿cómo sería posible que pudiera
existir un color permanente en la obscuridad, cuando observamos que
aun durante el día los colores de las cosas experimentan mudanzas,
según que éstas son bañadas por un rayo de luz vertical ú oblicuo?
Este fenómeno se observa en el plumaje que adorna la cerviz de la
paloma y corona su cuello: cuando el Sol lo envuelve, en unas ocasiones
ostenta el puro color del rubí, en otras una verde mezcla de esmeralda
y de azul cerúleo: la cola del pavo real, bañada por la luz, muda
frecuentemente sus matices, según la forma en que recibe los rayos
luminosos. Luego es preciso reconocer que los colores se engendran
por el contacto de la luz, y sin esta condición no existen ni pueden
concebirse.