Aunque estas fábulas nos encanten por la brillantez de las formas con
que han sido expuestas, la recta razón las rechaza. Por su esencia los
númenes deben disfrutar eterna vida en ocio imperturbable: indiferentes
á nosotros y á nuestras cosas, exentos de peligros y de aflicciones,
ricos por su propia naturaleza, puesto que de nada necesitan, son
insensibles á nuestras virtudes é indiferentes á nuestra ira[26].
[26] Lucrecio repite aquí los versos 56 al 62 del primer canto.