Y no es de admirar que esto ocurra; también á pesar del continuo
movimiento de los cuerpos simples parece que todo el Universo yace
en inmóvil quietismo, excepto aquellos seres que tienen actividad
propia; como los elementos de la materia están fuera de la penetración
de nuestros sentidos, es indudable que aun cuando no podamos ver
sus agitaciones, éstas existirán, si bien ocultas para nosotros, de
igual modo que en ocasiones dadas no podemos precisar los movimientos
que ejecutan algunos seres que vemos á largas distancias. El ganado
lanar sube á las altas colinas atraído por las viciosas hierbecillas
donde centellean perlas de luciente rocío, en tanto que los tiernos
corderillos, saciados del dulce lácteo licor, se ejercitan alegres y
retozones en luchas inocentes. Si reparamos en este cuadro desde lejos,
lo veremos todo confuso, y sólo distinguiremos lo blanco del ganado que
se destaca de lo verde obscuro de la colina. Observemos dos grandes
ejércitos que llenan vasta extensión de los campos y se ocupan en
simulacros de guerra; ya se mueve la audaz caballería en torno de las
legiones; ya recorre con variables ímpetus campos que se estremecen;
el fulgor de las armas llega hasta el cielo; el reflejo del bronce
brilla en la tierra; el suelo retumba con el paso militar; el clamor
del combate resuena en los montes y se transmite á los vecinos lugares:
pues estas escenas, vistas desde elevadas montañas, parecen mudas,
reposadas, y su centelleo se considera procedente de los mismos campos.