Medita ahora acerca de las cualidades de los cuerpos simples en cuanto
aquéllas se refieren á su peculiar forma, que puede ser algo variada,
como lo atestigua el hecho de que los seres, aun los que pertenecen á
la misma especie, no son idénticos. No es de admirar que los elementos
sean algo distintos en su figura, porque son numerosísimos, y no todos
han de tener igual forma é iguales condiciones; la especie humana, los
escamosos y mudos habitantes de las aguas, los árboles corpulentos,
las fieras, las varias aves que plumadas trinan en las lindas y
frescas márgenes de arroyos, en las proximidades de las fuentes y de
los lagos, y que se mueven con vuelos circulares por los desiertos
bosques, se componen de muchos individuos que, comparados entre sí
dentro de cada especie, revelan diferencias varias; si así no fuera,
entre nosotros mismos la madre no conocería sus hijos ni los hijos á
sus madres; y como podemos ver, entre los hombres no existen notables
signos diferenciales. Cuando en los templos, junto á los altares de los
dioses, muere sacrificado el novillo, de cuyo pecho palpitante corre
caliente sangre, la madre, desamparada, recorre los bosques, y deja en
el húmedo terreno grabada la huella de su pesuña hendida, y escruta
con indagadores ojos el espacio entero para ver si encuentra á su
perdido hijo, y se detiene en los bosques, y de bramidos llena la selva
umbrosa, y vuelve para el corral, y queda inmóvil, atormentada por los
recuerdos de su hijo: ni los tiernos pimpollos de los árboles, ni las
hierbas adornadas con reluciente aljófar, ni los arroyos que corren
entre amenas márgenes, le dan placer ni le hacen olvidar su tormento;
otros novillos que saltan mientras alegres pastan, no le quitan su
tristeza, porque ninguno es el que ella ansiosa busca. Los cabritillos
de trémulas voces reconocen á sus cornígeras madres, y lo mismo que los
corderos de tiernos balidos, cada uno conducido por la Naturaleza, se
dirige á las atractivas ubres que ha de alimentarlos con su dulce leche.