333. _Nunc, age, jam deinceps cunctarum exordia rerum..._

Medita ahora acerca de las cualidades de los cuerpos simples en cuanto

aquéllas se refieren á su peculiar forma, que puede ser algo variada,

como lo atestigua el hecho de que los seres, aun los que pertenecen á

la misma especie, no son idénticos. No es de admirar que los elementos

sean algo distintos en su figura, porque son numerosísimos, y no todos

han de tener igual forma é iguales condiciones; la especie humana, los

escamosos y mudos habitantes de las aguas, los árboles corpulentos,

las fieras, las varias aves que plumadas trinan en las lindas y

frescas márgenes de arroyos, en las proximidades de las fuentes y de

los lagos, y que se mueven con vuelos circulares por los desiertos

bosques, se componen de muchos individuos que, comparados entre sí

dentro de cada especie, revelan diferencias varias; si así no fuera,

entre nosotros mismos la madre no conocería sus hijos ni los hijos á

sus madres; y como podemos ver, entre los hombres no existen notables

signos diferenciales. Cuando en los templos, junto á los altares de los

dioses, muere sacrificado el novillo, de cuyo pecho palpitante corre

caliente sangre, la madre, desamparada, recorre los bosques, y deja en

el húmedo terreno grabada la huella de su pesuña hendida, y escruta

con indagadores ojos el espacio entero para ver si encuentra á su

perdido hijo, y se detiene en los bosques, y de bramidos llena la selva

umbrosa, y vuelve para el corral, y queda inmóvil, atormentada por los

recuerdos de su hijo: ni los tiernos pimpollos de los árboles, ni las

hierbas adornadas con reluciente aljófar, ni los arroyos que corren

entre amenas márgenes, le dan placer ni le hacen olvidar su tormento;

otros novillos que saltan mientras alegres pastan, no le quitan su

tristeza, porque ninguno es el que ella ansiosa busca. Los cabritillos

de trémulas voces reconocen á sus cornígeras madres, y lo mismo que los

corderos de tiernos balidos, cada uno conducido por la Naturaleza, se

dirige á las atractivas ubres que ha de alimentarlos con su dulce leche.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 119 / 302 题