Necesario es repetir una y mil veces que los cuerpos simples en su
caída tienen una mínima declinación. No trato de inventar movimientos
oblicuos que la observación no haya revelado; es patente, y de ello
la vista nos da testimonio, que los cuerpos no siguen en su caída una
dirección oblicua; pero ¿quién puede afirmar sólo por la autoridad de
sus imperfectos sentidos, que los cuerpos al caer no se aparten algo de
la línea recta[20]?
[20] En esta parte de su doctrina es donde Lucrecio, lo mismo que
Epicuro, se muestra más débil é indeciso; parece que él mismo
desconfía de la solidez de sus argumentos.