Ardientemente deseo que de estas observaciones derives el principio
de que, por su propia gravedad, los cuerpos tienden á caer, pero
que en circunstancias especiales de lugar y tiempo, en su caída se
apartan de la línea recta, aunque su retirada apenas merezca el nombre
de desviación; sin esas declinaciones, los cuerpos simples caerían
pesadamente en el vacío, como vemos que se precipitan sobre la tierra
las gotas de lluvia; los elementos de la materia no coincidirían nunca,
y la Naturaleza sería improductiva.