184. _Nunc locus est, ut opinor, in his illud quoque rebus..._

Entiendo que ahora es ocasión de hacerte comprender que ningún cuerpo

es capaz de elevarse por su propia fuerza: y no incurras en error

ante la presencia de las llamas que al formarse de repente se dirigen

hacia arriba; también suben los árboles y las mieses que al brotar del

suelo siguen en su crecimiento dirección contraria á la que parece

exigida por la gravedad. Si la llama se eleva hasta alcanzar el techo

del edificio, cuyo maderamen devora con insaciable afán, ciertamente

no lo hace por gusto, sino porque una fuerza extraña obra sobre ella.

Así también, la sangre que se escapa de vena abierta en nuestro cuerpo

tiñe de púrpura todo lo que toca. ¿No has observado la violencia con

que el agua arranca empalizadas firmes? Habían sido formadas con

grandes precauciones; fuerzas enormes se habían empleado en esa obra;

pero las aguas trabajaban con tanto más ardor para destruirla, cuanto

más sobresalían de la superficie líquida las estacas, y al cabo éstas

fueron vencidas. Pero según mi opinión, esos datos no nos autorizan

para dudar de que los cuerpos bajen cuando fuerza mayor no contraría

el efecto de su propio peso: una acción extraña obliga á la llama

á elevarse en las regiones atmosféricas, á pesar de que en cuanto

dependiera exclusivamente de ella tendría inclinación á bajar. ¿No ves

nocturnos meteoros de fuego que se muestran en el infinito espacio y

forman diversas ondulaciones por entre las cuales parece que se abre

una comunicación con la Naturaleza? ¿No te figuras que en ocasiones

se inclinan hacia la tierra estrellas y astros? También el Sol, desde

las inmensas alturas, por todas partes prodiga su calor y su luz que

los campos fertilizan, y su acción se ejerce hacia abajo; igualmente

puedes notar que el rayo se abre camino á través de las nubes é

impetuosamente cae sobre la tierra.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 110 / 302 题