Pero hay quien juzga, ignaro, que la materia sin la voluntad de dioses
puede, por condición propia, proveer á las necesidades humanas, formar
las estaciones, producir los frutos y facilitar la reproducción de
las especies todas; no reparan en que por impulso natural todo ser
ciegamente contribuye á la propagación de su especie y que estímulos de
atracciones y de goces naturales contribuyen á la generación. Por eso
han imaginado la intervención de dioses creadores, desmentida por la
razón y contrariada por los hechos. No basta que nosotros desconozcamos
la propia naturaleza de los elementos para figurarnos creaciones
fantásticas: la vista del inmenso espacio y la contemplación de los
fenómenos que constituyen el mundo, son bastantes para probar que el
mundo no ha podido ser obra de fuerza directiva inteligente, porque no
pocos defectos lo deforman; pero ya te probaré estas verdades[19] ¡oh
Memmio!; continuemos ahora la exposición de nuestro asunto.
[19] En el principio del canto V.