Ahora, con pocas palabras que al asunto dedique ¡oh Memmio! podrás
comprender la gran movilidad de que los elementos están dotados: cuando
la aurora esparce sobre la tierra sus primeros arreboles, y las aves,
esparcidas por el bosque, saltan de rama en rama y llenan los aires
de suaves melodías, vemos el Sol que de súbito aparece y baña con
torrentes de luz toda la Naturaleza; las emanaciones de aquel astro
no atraviesan un espacio completamente vacío; en su paso encuentran
obstáculos que retardan la carrera de las ondas luminosas, las cuales
se hacen para nosotros visibles á medida que se ponen en contacto con
el fluido del aire. Pero los cuerpos simples que en el vacío se mueven
y no encuentran obstáculo alguno independiente de ellos mismos, deben
correr con rapidez mil veces mayor que las ondas luminosas emanadas del
Sol, á no ser que se retarden por su propia acción; y sería insensato
suponer que los primeros cuerpos concertaran entre sí un plan para
regularizar sus movimientos.