Si piensas que los principios de las cosas pueden tener descanso para
recibir de éste un nuevo impulso y movimiento, incurres en error[18];
todos los cuerpos elementales que existen en el espacio han de obedecer
la dirección propia de su peso y de su esencia ó la dirección á que
los obligue la influencia de otros elementos: así unos y otros se
encuentran en el vacío y obran entre sí por su propia gravedad y por
su peculiar dureza y solidez, sin que nada extraño á ellos modifique
su rumbo. Y para que más claramente comprendas el perpetuo movimiento
de los principios de la materia, te he de recordar que en el Universo
no hay lugar alguno que pueda considerarse inferior y sirva de asiento
á los cuerpos que sean precipitados por la acción de la pesantez, pues
el espacio es infinito y tiene por límites la inmensidad, como ya he
demostrado en otra ocasión.
[18] Lucrecio refuta aquí minuciosamente la doctrina de
Aristóteles sobre la inmovilidad de la materia.