788. _Quim etiam repetunt a Cœlo atque ignibus ejus..._

Los partidarios de aquellas doctrinas derivan del cielo y de los

cuerpos ígneos el fuego; éste, según ellos, se convierte en aire, el

aire origina el agua, y ésta, por condensación, se modifica en tierra;

después, en sentido inverso, hacen nacer de la tierra el agua y de ésta

el fuego. Estas transformaciones no se alteran nunca ni se interrumpen,

y consideran que siempre los elementos viajan de la tierra al cielo y

del cielo á la tierra; pero tales metamorfosis son incompatibles con la

probada esencia de los elementos simples, los cuales por su condición

han de ser inmutables para que todas las cosas no puedan quedar

aniquiladas, porque ningún objeto podrá ultrapasar las condiciones de

su esencia sin dejar de ser lo que antes era. Los principios, pues, de

que ya hemos hablado, por su naturaleza están exentos de toda mudanza,

y por este motivo no quedan totalmente deshechos los seres que de ellos

se forman. Es racional admitir que todos los cuerpos se componen de

elementos, los cuales en virtud de energías, atracciones y repulsiones,

unas veces constituyen el fuego y otras el aire, y siempre sirven para

las transformaciones y la continuada sucesión de todos los seres.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 74 / 302 题