Decir, por tanto, que del fuego proceden todos los seres y que no
existe cosa alguna independiente de ese origen, es caer en un delirio
que nuestra inteligencia rechaza como contrario á las pruebas que
nos da el testimonio de nuestros sentidos; y admitir como primordial
materia el fuego porque se cree conocerlo perfectamente, y recusar al
mismo tiempo la existencia de otros seres que con suficiente claridad
se muestran ante nosotros, me parece inconsecuencia y error grave.
Para conocer la verdad, ¿qué mejor guía que nuestra razón auxiliada
por los sentidos, los cuales nos hacen distinguir lo falso de lo
verdadero y nos dan principio de certeza? Además, ¿por qué hemos de
negar la existencia de todas las cosas y admitir solamente la del
fuego, ó negar que éste exista y dar como reales solamente los demás
cuerpos? Parece que afirmar cualquiera de estos dos extremos es
incurrir en igual demencia.