Ahora, pues, si los elementos simples conservan siempre su propia
naturaleza y forman diferentes cuerpos, no por su distinta esencia,
sino por las combinaciones que constituyen, preciso es afirmar que
tales elementos de los cuerpos no son de fuego, ya se junten ó se
retiren ó se disgreguen ó se muden sin faltar al orden; si la base
primordial fuese fuego, nada más que fuego habría en el mundo. Lo
que hay de cierto es, según pienso, que existen en la Naturaleza
corpúsculos simplicísimos, los cuales por su forma, por sus
atracciones, sus movimientos y el orden en que se colocan, producen
el fuego y otras muchas cosas más ó menos similares á éste, así como
otros cuerpos que no tienen semejanza alguna con aquél y aun algunos
que pueden emitir emanaciones que afecten á nuestros sentidos ó que
exclusivamente nos son conocidas por relación de tactilidad.