Si por acaso creyeran que las moléculas del fuego, al apretarse
mutuamente, podían mudar la naturaleza de los cuerpos, este aserto
equivaldría á la negación del fuego como principio elemental, porque
sucedería que todo el fuego quedaba reducido á la nada y de la nada
todas las cosas se crearían; y pues todo aquello que muda, se altera
con el tiempo hasta que deja de existir, hay que renunciar al fuego
originario, ó admitir que los cuerpos no se reducen á la nada ni de la
nada las generaciones se suceden.