Por tanto, los que afirmaron que el fuego es elemento de la materia y
origen del Universo estaban desprovistos de razón; Heráclito fué el
primero que defendió esta doctrina y obtuvo alto renombre entre los
Griegos superficiales, prendados de un obscuro lenguaje, pero no entre
los sensatos que buscaban la verdad. Aquéllos sólo admiraban lo que se
les decía con palabras misteriosas, y consideraban como cierto cuanto
se les exponía en frases gratas al oído por su encantadora sonoridad.