Últimamente, si la Naturaleza creadora al descomponer los seres no los
redujera á sus partes mínimas indivisibles, no podría reparar la vida,
porque los cuerpos compuestos carecen de las condiciones de atracción,
peso, repulsión, concurso y movimiento adecuadas para engendrar los
seres. Luego si la división de los cuerpos fuera infinita, aún nos
veríamos obligados á reconocer que á lo menos algunos que existen
de toda eternidad, todavía no han sido alterados por los peligros y
accidentes anexos á la vida; y si todos los cuerpos fuesen frágiles,
la Naturaleza habría sido inconstante en favor de los que han podido
resistir los embates de los siglos.