Además, si no hubiese un término mínimo infranqueable en la
composición de los cuerpos, éstos constarían de infinitas partes, y
cualquiera de ellas se podría dividir en mitades y éstas en otras
indefinidamente; entonces, ¿qué diferencia última se daría entre las
masas grandes y pequeñas? Ninguna, porque todas serían igualmente
fraccionables infinitamente. Pero como á la razón repugna esa
conclusión absurda, preciso es reconocer que los elementos simples son
las últimas divisiones posibles de los cuerpos de la Naturaleza, y
consiguientemente por este motivo debe también confesarse que los tales
elementos son sólidos y eternos.