Ocurre que la Naturaleza en tiempos sucesivos descompone los cuerpos
y los reduce á sus elementos simples; no aniquila, empero, á ningún
ser. Pues si los elementos fuesen destructibles, las cosas perecerían
repentinamente; una débil acción bastaría para separar sus partes
y para anular el nexo que las uniera; por lo contrario, podemos
comprobar que los elementos son eternos y que la muerte no es más que
una descomposición de concreciones materiales por efecto de natural
impulso, que al obrar sobre los cuerpos ensancha los poros de éstos y
disgrega sus moléculas.