Vemos, por último, que los terrenos labrados producen más que los
faltos de cultivo y que la mano del agricultor mejora los frutos:
luego es evidente que las tierras se nutren de elementos primarios y
aumentan su fecundidad cuando aquellos principios de vida se renuevan
mediante la remoción del suelo por el corvo arado. Si tales elementos
no existiesen, los productos naturales mejorarían espontáneamente, sin
auxilio de trabajo nuestro.