Y por igual motivo, si éstos á la nada se debieran, no sería necesaria
la acción del tiempo sobre las semillas; entre la infancia y la
juventud no habría relación continua; de la tierra los árboles ya
corpulentos brotarían. Pero es patente que no es ese el orden natural:
todo crece paulatinamente de germen propio y con sujeción á las
condiciones de su especie; de tal modo, que puedes comprobar cómo el
desarrollo íntegro de cada ser es dependiente del crecimiento de la
materia de que el mismo ser está constituido.