103. _Tutemet à nobis jam quovis tempore, vatum..._

Tú mismo, dominado por los discursos terroríficos de los vates,

¿querrás separarte de mi lado? ¿Supondrás acaso que también yo puedo

fingirte delirios que cambien las reglas de tu vida ó turben tus

dichas con temores? Y no te he de censurar; porque si los hombres

comprendiesen cuál es el término cierto de sus infortunios, bien

podrían resistir á las religiones y despreciar las amenazas de los

vates; pero en la actualidad no hay saber bastante ni motivo suficiente

para rechazarlas, mucho más cuando se temen penas eternas después de

la muerte; pues todavía se ignora cuál sea la naturaleza del alma,

si es creada con el cuerpo ó si á éste se agrega en algún momento,

é igualmente se ignora si con el cuerpo fallece ó si va á visitar

las extensas y negras lagunas del Orco[9], ó bien si merced á divina

disposición emigra para el cuerpo de varios animales, como cantó

nuestro Ennio, primero digno de eterno renombre que del risueño Helicón

bajó á Italia coronado con laurel inmarcesible. En versos inmortales

Ennio describió el tenebroso infierno, donde no existen almas ni

cuerpos, sino espectros y pálidas imágenes: allí se le acercó la sombra

del siempre floreciente Homero, y con efusión cariñosa entre lágrimas

de recuerdos le explicó la naturaleza de las cosas[10].

[9] El Orco, obscuridad, muerte, infierno. La India suministró

á Grecia y á Italia elementos para su lenguaje y base para su

mitología.

[10] Dante Alighieri debió tomar de estas palabras de Lucrecio la

idea para el _Infierno_ de su _Divina Comedia_.

Naturaleza de las cosas: Versión en prosa del poema «De rerum natura» · 第 17 / 302 题