Tú mismo, dominado por los discursos terroríficos de los vates,
¿querrás separarte de mi lado? ¿Supondrás acaso que también yo puedo
fingirte delirios que cambien las reglas de tu vida ó turben tus
dichas con temores? Y no te he de censurar; porque si los hombres
comprendiesen cuál es el término cierto de sus infortunios, bien
podrían resistir á las religiones y despreciar las amenazas de los
vates; pero en la actualidad no hay saber bastante ni motivo suficiente
para rechazarlas, mucho más cuando se temen penas eternas después de
la muerte; pues todavía se ignora cuál sea la naturaleza del alma,
si es creada con el cuerpo ó si á éste se agrega en algún momento,
é igualmente se ignora si con el cuerpo fallece ó si va á visitar
las extensas y negras lagunas del Orco[9], ó bien si merced á divina
disposición emigra para el cuerpo de varios animales, como cantó
nuestro Ennio, primero digno de eterno renombre que del risueño Helicón
bajó á Italia coronado con laurel inmarcesible. En versos inmortales
Ennio describió el tenebroso infierno, donde no existen almas ni
cuerpos, sino espectros y pálidas imágenes: allí se le acercó la sombra
del siempre floreciente Homero, y con efusión cariñosa entre lágrimas
de recuerdos le explicó la naturaleza de las cosas[10].
[9] El Orco, obscuridad, muerte, infierno. La India suministró
á Grecia y á Italia elementos para su lenguaje y base para su
mitología.
[10] Dante Alighieri debió tomar de estas palabras de Lucrecio la
idea para el _Infierno_ de su _Divina Comedia_.