Temo, sin embargo, te figures que voy á iniciarte en protervas
doctrinas y á franquearte el camino del mal; por lo contrario, la
superstición ha producido muchas veces crímenes y sucesos execrables:
por ella varones famosos de Grecia, capitanes fuertes, profanaron en
Aulide[8] con la sangre de Ifigenia el altar de Diana. La cabellera
virginal recogida con fúnebre banda fluctuante; junto al altar el
afligido padre; al lado los sacerdotes que ocultan los puñales;
alrededor el pueblo que lloroso contempla á la joven; ésta, muda por
el terror y agobiada por el espanto, cae sobre sus rodillas... á la
infeliz no sirve ser la primera que diera nombre de padre al rey...
impías manos de ministros la levantan y la conducen trémula ante las
aras, no para que celebre solemnes ritos de Himeneo acompañada por
lucido cortejo, sino para que muera casta pero deshonestamente bajo los
golpes de su mismo padre, en el instante en que amor la destinaba á
tierno esposo; y muere para que el viento no estorbe la feliz partida
de la flota griega. ¡Á qué horribles males la superstición puede llevar
á los hombres!
[8] Aulide, puerto de Beocia, donde se celebró el sacrificio de
Ifigenia, hija de Agamenón y de Clitemnestra. Agamenón, jefe de
los ejércitos griegos en la guerra de Troya.