Antes de investigar las leyes referentes á las etéreas regiones, al
curso del Sol y de la Luna y á los fenómenos terrestres, debemos
inquirir la naturaleza de nuestra alma, la de nuestra vitalidad y la
de todos los objetos que de cerca se nos ofrecen cuando estamos en
posesión de nuestras facultades, y que después, cuando nos hallamos
abatidos por enfermedad ó subyugados por el sueño, nos perturban hasta
el punto de que lleguemos á pensar que ven y oyen después de muertos
aquellos seres cuyos despojos cubren ya la tierra.