Cuando la humanidad, abatida por el terror, se humillaba ante el
aspecto horrible del fanatismo que desde las regiones aéreas dirigía á
los mortales tremendas amenazas, un sabio de Grecia fué el primero[7]
que se atrevió á resistir al monstruo y á levantar contra él los
ojos: ni la fama de los dioses, ni rayos, ni temeroso estruendo de
las concavidades del espacio pudieron abatirlo; por lo contrario, los
obstáculos estimularon su energía y abrió las cerradas puertas de
la Naturaleza; su genio vencedor pasó adelante y arrojó á distancia
las murallas flamígeras del mundo: entonces escrutó la inmensidad con
mirada vigorosa, y vencedor de ella nos dió á conocer lo que existe
y lo que no puede existir en el mundo, así como descubrió que toda
potencialidad de los seres está limitada por su peculiar esencia; de
este modo la superstición fué á su vez subyugada y la victoria nos
elevó á lo infinito.
[7] Epicuro, natural de Samos, donde nació el año 341 antes de la
Era cristiana.