Por su esencia, los númenes deben disfrutar eterna vida en ocio
imperturbable: indiferentes á nosotros y á nuestras cosas, exentos de
peligros y de aflicciones, ricos por su propia naturaleza puesto que
nada necesitan, son insensibles á nuestras virtudes é indiferentes á
nuestra ira[6].
[6] De igual modo Séneca se expresó en su epístola XCV.